sáb. Feb 7th, 2026

Al bolsillo de los colombianos se le podría acabar la fiesta

PorPedro Mendoza

febrero 7, 2026
Jorge Familiar vicepresidente y tesorero del Banco Mundial participó en el 28° Congreso de Tesorería de Asobancaria 2026. Foto cortesía Marlon Galindo.

La economía colombiana se enfrenta este mes a un cambio de marea en su dinámica de precios. Tras dos meses de una tregua relativa, marcados por descensos consecutivos, el costo de vida se prepara para un nuevo ascenso que pone a prueba la resiliencia del bolsillo nacional.

Según las proyecciones más recientes de la Dirección Económica de Asobancaria, enero de 2026 no será un mes de continuidad, sino un punto de inflexión.

El informe de Asobancaria es preciso en su diagnóstico. Se espera que la inflación anual en enero escale al 5,40%, superando el 5,10% con el que cerró el ciclo de diciembre de 2025. Este incremento de 30 puntos básicos rompe la racha descendente y establece una nueva base de comparación para el resto del periodo.

“Enero marcaría un punto de inflexión de la inflación luego de dos meses de reducciones”, advierte la entidad, subrayando que la indexación de bienes y servicios regulados es el principal catalizador de este comportamiento”. La informacion fue entregada a los medios al cierre de su Congreso de Tesorería, que terminó ayer en Cartagena. 

Un cierre de año desafiante

A pesar de los esfuerzos de política monetaria, la inercia generada por los costos de producción y el consumo interno proyectan un panorama complejo para el cierre del ejercicio. La previsión para diciembre de 2026 sitúa la inflación en un 6,7%, una cifra que sugiere que la batalla contra la carestía está lejos de concluir y que el país deberá navegar un año de ajustes constantes en sus indicadores macroeconómicos.

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Anoche se conocieron las cifras entregadas por el Dane, para los expertos el panorama se puede complicar. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) en Colombia inició el ejercicio 2026 con una aceleración que confirma las previsiones de los analistas.

Según el reporte oficial del DANE, la variación anual se situó en un 5,35 %, cifra que supone un ascenso respecto al 5,10 % registrado al cierre de diciembre de 2025. Este comportamiento técnico aleja temporalmente el indicador del rango meta establecido por las autoridades monetarias, situando la variación mensual en un sólido 1,18 %, impulsada determinantemente por las divisiones de gasto en restaurantes, transporte y alimentos.

Este repunte de precios converge cronológicamente con la implementación del nuevo salario mínimo. Si bien el Ejecutivo nacional autorizó un incremento histórico para este año, la comunidad de analistas advierte que dicho ajuste ha comenzado a permear la estructura de costos de la economía nacional. Aunque el DANE mantiene una postura de cautela técnica antes de certificar el impacto total del alza salarial, la correlación entre el ajuste de los ingresos y la presión sobre los precios regulados resulta innegable en este primer balance trimestral.

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Pese a la tendencia alcista, el consenso de economistas consultados subraya que el indicador aún navega por márgenes de moderación relativa si se contrasta con la volatilidad de periodos precedentes. No obstante, el dato del 1,18 % mensual se erige como una brújula crítica para el Banco de la República y el sector empresarial, quienes monitorizan con rigor estas métricas para calibrar la política monetaria y ajustar las expectativas de precios en un horizonte de mediano plazo.

El factor del 23%: La paradoja del ingreso

El motor principal de este repunte tiene un nombre claro: el aumento del 23% en el salario mínimo para el año 2026. Si bien este incremento representa un fortalecimiento nominal del poder adquisitivo, la realidad económica impone su propia lógica a través de la indexación.

Este mecanismo, que vincula el precio de bienes y servicios al incremento de la unidad salarial o a la inflación pasada, se activa con fuerza durante el primer mes del año. No se trata únicamente de una percepción del mercado; es una respuesta estructural en la que los precios regulados y los servicios básicos se ajustan automáticamente a la nueva realidad salarial, generando una presión al alza que los analistas ya han cuantificado.

 

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