dom. Feb 15th, 2026

Las alegrias y emociones de la soberana del Carnaval de Barranquilla

PorPedro Mendoza

febrero 14, 2026
Ser la reina número 90 del Carnaval es algo que pienso mucho. Noventa mujeres antes que yo sostuvieron esta corona. Cada una en su contexto, con sus retos, con su tiempo histórico. Y eso me hace entender que yo no estoy aquí sola; estoy parada sobre una historia construida por muchas manos. Foto Edinson Ascencio-Carnaval de Barranquila.

 

 

A pocos horas  de que la Batalla de Flores marque el inicio del rito y el entierro de Joselito su nostálgico final, conversamos con una mujer que entiende su rol más allá de la parafernalia. La reina del Carnaval, Michelle Char Fernández. En esta entrevista, exploramos la responsabilidad de cuidar   nueve décadas de tradición y la visión de una ciudad que busca consolidarse como referente de industria creativa y turismo cultural.

Entre la alegría del presente y la reflexión sobre el legado, la Reina nos ofrece una hoja de ruta para comprender por qué el Carnaval es, ante todo, un acto de fe colectiva.  La entrevista con la soberana del Carnaval revela una faceta indispensable para entender la festividad hoy: la consciencia del legado.

Más allá del espectáculo, la Reina asume su rol como un puente entre la institucionalidad  y la base popular de los hacedores. Sus respuestas llevan a entender que el  Carnaval de Barranquilla ha evolucionado hacia una estructura donde la soberanía no es solo un título nobiliario de temporada, sino una plataforma de gestión cultural.

La mención constante al Río Magdalena como eje transversal refuerza la necesidad de que la ciudad no dé la espalda a su origen hídrico, sugiriendo que el futuro de la fiesta —y de la ciudad misma— depende de esa reconciliación entre la historia, la protección del patrimonio y la proyección internacional como destino turístico sostenible.

1. Reina, estuvo en el río magdalena y su malecon, acompñada  de los marinos y los participantes del Carnaval en la Guacherna Fluvia.  ¿Cómo es ver la ciudad de fiesta desde el río?

Ver a Barranquilla desde el río fue una experiencia muy especial y profundamente simbólica para mí. El río Magdalena es origen, es memoria, es historia viva. Desde ahí entraron culturas, sonidos, costumbres… y de alguna manera, desde ahí también comenzó el Carnaval.

Estar con los marinos y con los participantes del Carnaval, mirando la ciudad desde esa perspectiva distinta, me permitió verla con otros ojos. No desde la tarima ni desde el desfile, sino desde la raíz. Sentí orgullo, pero también una responsabilidad muy grande. Porque cuando uno mira la ciudad desde el agua, entiende que la fiesta no es superficial: es identidad, es resistencia cultural, es legado.

 

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2. Tiene una gran responsabilidad: la eligieron ser la reina de todos los marinos de Colombia. ¿Qué se siente al representar a los hombres y mujeres que defienden el azul de la bandera?

Ser elegida reina de los marinos de Colombia me llenó de emoción. Ellos representan disciplina, compromiso, servicio al país. Son hombres y mujeres que cuidan nuestras aguas, nuestras fronteras, nuestra soberanía. Y para mí es un honor poder representar, aunque sea simbólicamente, a quienes dedican su vida a protegernos. Siento que hay algo muy bonito en ese encuentro: mientras ellos defienden el azul de nuestra bandera, nosotros defendemos el colorido de nuestra cultura.

3. Usted es la reina número 90 del Carnaval y la Escuela de Suboficiales tiene 92 años. ¿Qué significa la tradición y la responsabilidad de continuar y mantener en el tiempo el Carnaval?

Ser la reina número 90 del Carnaval es algo que pienso mucho. Noventa mujeres antes que yo sostuvieron esta corona. Cada una en su contexto, con sus retos, con su tiempo histórico. Y eso me hace entender que yo no estoy aquí sola; estoy parada sobre una historia construida por muchas manos. Cuando además se conecta con instituciones como la Escuela de Suboficiales, que tiene más de nueve décadas formando generaciones, uno comprende que la tradición no se mantiene sola. Se cuida, se trabaja y se respeta.

 

“Siento que hay algo muy bonito en ese encuentro: mientras ellos defienden el azul de nuestra bandera, nosotros defendemos el colorido de nuestra cultura”.Foto Edinson Ascencio-Carnaval de Barranquila.

4. En unos cortos días estará en los cuatro días que resumen la fiesta que es de todos, que inicia con la Batalla de Flores y termina en el entierro de Joselito. ¿Qué espera de ese espacio?

Estoy esperando los cuatro días oficiales con una emoción muy profunda… pero también con un poquito de nostalgia. La Batalla de Flores marca el inicio del gran estallido de alegría, es energía pura, es el resultado de meses de trabajo de nuestros hacedores, artesanos, músicos y bailarines. Es el momento donde todo lo que soñamos durante el año se vuelve realidad.

Pero al mismo tiempo, sé que esos cuatro días pasan muy rápido. Y mientras más se acerca el Entierro de Joselito, más consciente soy de que este capítulo tan especial de mi vida está llegando a su cierre. Vivo estos días con gratitud, con plenitud… pero también con esa sensación bonita y un poco nostálgica de saber que estoy disfrutando cada instante porque es irrepetible. El Carnaval me ha transformado, y eso es algo que me voy a llevar siempre, más allá de la corona.

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5. La música y el color hacen parte de la fiesta. ¿Cómo se ha preparado para estos días de agenda colmada de eventos?

Ha sido una agenda intensa, sí, pero también profundamente enriquecedora. He tenido encuentros con comunidades, con comparsas, con cantadoras, con hacedores tradicionales. He estudiado más nuestra historia, nuestras raíces afro e indígenas que confluyen en el Carnaval. También me he preparado físicamente, porque es una fiesta exigente. Pero sobre todo me he preparado emocionalmente, recordando siempre que yo soy el rostro visible de algo mucho más grande que yo. Mi tarea es representar con coherencia y con amor.

6. Reina, “quien lo vive es quien lo goza”. Dígales a los lectores de El Espectador tres tips para vivir el Carnaval.

Primero: vivirlo con respeto. El respeto es la base de toda celebración. Segundo: entender que no es solo una fiesta, es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Cuando uno comprende su historia, lo vive de una manera mucho más profunda. Y tercero: entregarse a la alegría. El Carnaval es catarsis, es encuentro, es comunidad.

7. Después de las fiestas, ¿qué sigue para una reina dedicada a mostrar su ciudad y el turismo?

Después de los cuatro días no termina el compromiso. Sigue la tarea de mostrarle al país y al mundo que Barranquilla es mucho más que cuatro días de fiesta: es talento, es tradición viva, es turismo cultural, es industria creativa. Ser reina no es solo un momento en febrero. Es una oportunidad para servir, para conectar y para seguir trabajando por la ciudad que amo. Como suelo decir: “El Carnaval no es un evento, es una identidad que se cuida todos los días”.

 

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