Se organizó en once bloques temáticos coherentes, que permitieron al público transitar desde el respeto por la tercera edad y los proyectos de inclusión social, hasta la excelencia estética de las agrupaciones de élite
La mítica Carrera 44 se transformó en un río humano de tradición viva. Bajo el cielo de una noche barranquillera, cerca de 20.000 participantes protagonizaron un homenaje monumentala los bailes cantados, rescatando la raíz primigenia de una fiesta que no solo celebra el presente, sino que custodia un pasado glorioso.
El despliegue de un río folclórico
El desfile nocturno más emblemático del precarnaval marcó su inicio con una puesta en escena impecable. No fue un simple tránsito de comparsas; fue una conexión profunda con la esencia del Caribe. Un total de 197 grupos folclóricos y una variopinta muestra de 150 disfraces individuales inundaron la vía. La atmósfera se tornó mas alegre con el regreso de 27 grupos de tradición, ganadores del prestigioso Congo de Oro, cuya presencia otorgó un sello de autenticidad histórica al evento.
La música, ese motor vibrante de la identidad costeña, contó con un despliegue formidable: más de 25 orquestas y agrupaciones en vivo marcaron el pulso frenético de la jornada.
“El desfile contó con gran despliegue logístico, garantizando la seguridad y el correcto desarrollo del evento gracias a una articulación integral con las autoridades”, manifestó el director de Carnaval de Barranquilla, Juan José Jaramillo, quien además explicó que, para llevar a cabo este evento, la operación incluyó 645 operadores logísticos, 455 operadores de seguridad, cuatro máquinas de bomberos, 30 miembros del cuerpo de bomberos, 350 socorristas, 10 ambulancias, además de 6.700 vallas de contención, 650 metros de malla escalonada y 350 metros de muros de contención.
Protagonistas de una noche mágica
El momento más sublime se vivió con la aparición de la soberana, Michelle Char Fernández. La Reina del Carnaval desfiló envuelta en el majestuoso traje ‘Aquí suena Rosa’. Esta pieza, una fantasía onírica inspirada en el bullerengue, resaltó la creatividad desbordante de los estudiantes de Diseño de Modas de la Universidad Autónoma del Caribe.
Por su parte, el Rey Momo, Adolfo Maury, cautivó a la multitud con un tributo conmovedor a ‘María Moñitos’, un personaje entrañable vinculado a su propia genealogía y a la centenaria danza del Congo Grande. En paralelo, la inocencia radiante de los Reyes del Carnaval de los Niños, Joshua Ortiz y Sharon Acosta, rindió honores a los indios de Trenza Chimila, asegurando el relevo generacional de esta herencia invaluable.
La Guacherna 2026 se organizó en once bloques temáticos coherentes, que permitieron al público transitar desde el respeto por la tercera edad y los proyectos de inclusión social, hasta la excelencia estética de las agrupaciones de élite.
La modernidad también reclamó su espacio: a través de una transmisión impecable vía streaming por Telecaribe y plataformas sociales, la fiesta alcanzó una audiencia global, proyectando la riqueza patrimonial de Barranquilla al mundo entero.
Este evento, consolidado como la antesala del Carnaval (que se celebrará del 14 al 17 de febrero), reafirmó que la Guacherna es, por encima de todo, un acto de amor colectivo por la cultura colombiana.










