mar. Feb 3rd, 2026

La ONU: liturgia del poder en tiempos de fuerza desnuda

PorYo Opino

febrero 3, 2026

 Con gran nostalgia despues de haber trabajado en varios proyectos de asistencia humanitaria en zonas de desastres y guerra en el Africa y Asia con OMS; UNICEF; ACNUR; y OIM, me permito hacer las siguientes reflexiones de una organizacion que me enseñó; y me dio oportunidades importantes en mi vida.

La ONU nació para evitar que el mundo volviera a resolverse a balazos. Ocho décadas después, sigue hablando… mientras el mundo vuelve exactamente a eso. No por falta de palabras, sino por falta de poder.

El Consejo de Seguridad ya no es un órgano decisorio; es un escenario. La reciente sesión sobre Venezuela lo mostró con crudeza: una catarsis de oradores bien pagos, discursos perfectamente ensayados, gestos solemnes, y cero impacto real sobre los hechos. Nadie fue a decidir nada. Todos fueron a decir lo que ya habían decidido fuera de esa sala.

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El problema no es coyuntural ni ideológico. Es estructural. Una institución que permite el veto de las potencias no está diseñada para frenar a las potencias. Está diseñada para legitimarlas cuando conviene y tolerarlas cuando no. Ucrania, Gaza, Siria, Venezuela: distintos conflictos, misma impotencia.
La ONU se volvió experta en administrar consecuencias: refugiados, ayuda humanitaria, informes, resoluciones. Pero es incapaz de impedir las causas. Produce lenguaje, no acción. Moral, no coerción.

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Trump no destruyó la ONU; la desnudó. Al retirar fondos y despreciar sus rituales, dijo sin diplomacia lo que el sistema ya sabía: sin respaldo del poder real, la ONU es retórica ilustrada.

No está muerta. Eso sería más honesto. Está viva, pero reducida a liturgia: mucha forma, poco efecto. Un símbolo de nuestra época, donde el derecho internacional se declama mientras la fuerza decide. El mundo ya no espera a la ONU para hacer la guerra.

Y la ONU, en el fondo, lo sabe.

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