Gabi Arenas es una figura central en la economía creativa de Cartagena. En este diálogo, describe la trayectoria de quince años que permitió la creación de Candé, un restaurante enfocado en la tradición local.
La génesis de Candé no fue un golpe de suerte, sino el resultado de un estudio de mercado y cultural que se prolongó durante doce años, motivado por la percepción de una carencia crítica en Cartagena: la falta de un restaurante insignia que proyectara con orgullo la cultura local ante el mundo.
Este proyecto familiar enfrentó una resistencia inicial considerable, registrando pérdidas económicas durante sus primeros cuatro años de operación, un periodo de “batallar” constante que solo se superó gracias a la convicción inquebrantable de los socios del Grupo Gela en la relevancia de su propuesta. La transición de Gaby Arenas de la marroquinería a la gastronomía se fundamentó en la idea de que un restaurante debe ser “un todo” que ofrezca un “rato feliz” y un encuentro de alegría, más allá del simple acto de comer.
En el núcleo de su visión empresarial, Gaby Arenas sostiene que el éxito de su modelo radica en “abrazar la cultura” cartagenera sin pretensiones, elevando la comida casera y popular al nivel de una experiencia de alta gama a través del servicio y el entorno. Responde con firmeza a las críticas de quienes cuestionan el valor de platos tradicionales como el arroz con coco o la carne en posta, argumentando que la excelencia operativa —desde la estética del local hasta la dignidad de los empleados— justifica un posicionamiento de mercado competitivo.
Para ella, Candé y Sabrosura no son solo negocios, sino plataformas de validación de lo propio, donde ser “getsemanicense” y amar lo local es la clave para ofrecer una autenticidad que el turista y el local valoran por encima de las tendencias internacionales.

¿ Ese primer local en la calle de la Serrezuela fue clave, pero luego dieron el salto a esta casa espectacular en Estanco del Tabaco. ¿Cómo fue ese cambio?
Fue un cambio con mucho miedo, con muchos nervios. Allá nos estaba yendo bien y uno nunca sabe qué va a pasar con un cambio. Pero resulta que aquí Dios nos premió con todo.
Sin embargo, poco después de abrir aquí, llegó la pandemia. ¿Cómo enfrentaron ese golpe cuando apenas estaban despegando en el nuevo local?
A los dos meses de haber abierto aquí, con todas las deudas habidas y por haber, fue gravísimo. Tocar fondo. Cuando respiras profundo y haces todo con tranquilidad, ves que Dios nos llevó a tocar fondo a toda la familia, a todos los socios del grupo, y eso hizo que trabajáramos más unidos. Esos meses, que nos llevaron a un mismo sitio a vivir todos, donde teníamos nuestra oficina, fue la mejor época de la familia.
¿Cuando uno cumple años le regalan cosas. ¿Qué le debemos regalar a Candé, o qué debe regalarle Candé a Cartagena?
¡El amor! Cuando uno está rodeado de amor, es la persona más afortunada del mundo. Cuando sientes que la gente te quiere y te busca, eso es incomprable. Yo me siento satisfecha porque cumplí todos los sueños de mi vida. Vamos a cumplir otros, pero no se trata de dinero, los hemos trabajado.
Hablando de reconocimientos, a finales del año pasado la Cámara de Comercio te entregó una distinción muy importante, reconociendo tu trabajo y dedicación. ¿Qué significó ser elegida?
Mucho. Pero ahí aprendí algo: lo que se quiere se logra, lo que se trabaja se adquiere. Yo llamé a mi equipo y les dije: “Yo me quiero ganar este premio”. Y nos lo ganamos porque lo trabajamos, fuimos juiciosos y cumplimos con lo que pedían. Fui la que más votos recibió entre todas las empresas.
¿Es reconocida en la industria textil especificamente en el cuero. Que pasa con la marca?
Yo considero que todavía no debo soltar Gaby Arenas. Va a llegar el momento en que me tocará, porque económicamente es muy difícil. Fue el inicio, la que con la que la ciudad conoció al grupo. Hoy en día estamos trabajando para mejorar lo que tenemos, pero todavía no la suelto.
¿Cómo lidia con las críticas de algunas personas que dicen. ¿Por qué me van a cobrar tanto por una comida cartagenera si eso lo consigo en cualquier lado?
Tienes toda la razón, pero yo les contesto: cuando me tengo que tragar la lengua, me la trago. Hay gente que no ve que los pisos son brillantes, los uniformes, todo el servicio. Tú te vas al mercado de Bazurto y te comes la mejor arepa de huevo por mil pesos, pero si quieres comértela en un sitio sofisticado, tiene su precio.

¿Es decir, ustedes no venden solo el plato, venden una experiencia completa de lo que es Cartagena?
Exacto. Es como en tu casa, donde tú mejor comes es en tu casa, con los ingredientes que te gustan. Cuando sales a un restaurante, vas buscando esparcimiento, pasar un rato rico, que te consientan. Y eso es lo que nosotros ofrecemos. Queremos que el turista venga y viva nuestra cultura sin pena, con orgullo. A mí me gustan los negros, las carretilleras, los raperos, mi folclor, y hay que organizarlo para mostrarlo.
El Grupo Gela tiene también a Sabrosura, que es el “hijo menor”. ¿Cómo va ese proyecto después de dos años?
Sabrosura cumplió dos años y se le ha aportado muchísimo trabajo, sobre todo de parte de Alberto y Boris. Traemos un proyecto muy hermoso que pronto daremos a conocer.
Finalmente, ¿por qué Candé siempre está en esta esquina, literal y metafóricamente, atrayendo a presidentes, personalidades y turistas?
Porque este es el peaje (risas). Aquí veo todo el que entra y sale, y tengo las cámaras. Pero más allá de eso, nosotros servimos comida cartagenera sin pretensiones, igualita a como se hace en la casa, sin deconstrucciones ni cosas raras. Y la gente, incluso la más escéptica, cuando viene y lo prueba, se enamora.

