“El Kangoo Jumps permite quemar muchas más calorías al elevar la intensidad cardiovascular, pero con un beneficio clave: reduce drásticamente la presión sobre las rodillas y articulaciones. Gracias a estas botas, mi capacidad cardiovascular superó a la de otros atletas”. Sifi campeona mundia.
La Plaza de La Aduana de Cartagena se convirtió en un escenario de colores brillos y competidores que saltaban al ritmo de la música. En sus pies unas botas los alejaban del piso en coreografías de tiempos determinados. Bailaban y sonríen con sus uniformes y maquillajes llenos de arte. Todo pasa en el Open Latino Kangoo en Cartagena
Más de mil participantes estuvieron rebotando en la ciudad de las murallas. Venían Brasil, México, Argentina y se unieron con los colombianos.
No es un deporte, pero sí una conexión con la actividad física, los equipos entre 6 a 10 integrantes dejan en instantes la tierra para intentar volar en armonía con un estilo de vida que han decidido tener. Aquí no hay edades límites, solo las botas y mejorar la calidad de vida.
La tradición de Cartagena nos lleva a otros saltos. Piratas y filibusteros. Para ellos el saltar desde la borda representaba el “punto de no retorno”. Era abandonar la seguridad de lo propio para adentrarse en nuevos mundos, en ese instante de suspensión en el aire, el pirata dejaba de ser un marinero para convertirse en un acto de fe, en un ser libre, si el salto era corto terminaba en el océano, si era largo capturaba lo que quería. Era la transición definitiva entre la ley y la libertad absoluta.
Hoy después de tantos años, mujeres y hombres en equipo saltan con sus botas, están en la libertad de alejarse por segundos de la superficie y poder volar con la música como telón de fondo, donde las caídas no se permiten.
Y por supuesto, unas botas.

Los saltos de la historia en botas
El registro inicial de un dispositivo con las características de las botas de salto aparece en Francia del año 1914. El documento define el objeto como un aparato de deporte o acrobacia para el calzado, cuya función es el incremento de la velocidad en la carrera o de la longitud en los saltos. La disciplina del Kangoo inició en 1994 y en Colombia lleva 13 años y la conocen como la hora feliz.
En entrevista con El Espectador, Eliana Solano distribuidora y representante exclusiva de Kangoo Jones en Colombia, es la compañía encargada de hacer las botas y realizar en Cartagena el Open Latino Kangoo en Cartagena, durante este puente festivo.
“La compañía fabrica calzado diseñado con tecnología de absorción de impacto del 80%, fundamentada en patentes y estudios médicos. El desarrollo inicial de este equipo se orientó a la rehabilitación de atletas de alto rendimiento y al entrenamiento de personal militar, con el objetivo de permitir la actividad física de salto reduciendo la carga sobre las articulaciones”
Agrega que el sistema de protección se calibra según el peso y la resistencia física del usuario, con rangos que oscilan entre los 50 y más kilogramos.
El Kangoo Jumps es para la “persona común”; es una actividad para disfrutar el movimiento, promover una vida saludable y ejercitarse de forma segura. Más que un deporte, es una comunidad de amigos donde no compiten; saltan juntos, unidos por la misma pasión.
Para Eliana la formación académica es muy importante. La estructura de la organización incluye un instituto para instructores. La jerarquía técnica se divide en Master Trainers, encargados de formar a los Trainers, quienes a su vez certifican a los instructores locales. Actualmente, la operación en Colombia cuenta con 36 nuevos instructores en proceso de certificación.
Le pregunto por el costo de las botas, sonríe y dice que el color es muy importante,
“En cuanto al mercado, el costo de las botas en el territorio nacional se sitúa entre $1.500.000 y $1.700.000 pesos, variando según las especificaciones técnicas y ediciones del producto. La representación ha extendido su presencia a varias ciudades
Saltar con libertad condicionada
Mira sus botas, Eliana hace una pausa para hablar de un salto especial , uno sin fronteras. Un poco retirado de donde hacemos la entrevista está la Cárcel Distrital de Mujeres de Cartagena, ubicada en una zona especial del municipio de Turbaco. Son cuatro pisos y celdas individuales para las internas, donde un grupo tiene sus botas y el patio destinado, las usan sintiendo de nuevo la libertad.
La iniciativa Salto sin fronteras, suma cuatro años. “Les hemos proporcionado el suministro de botas de rebote para la práctica de actividad física dirigida”. Eliana dice que hay una respuesta inmediata en la disposición hacia el ejercicio.

“La actividad se fundamenta en la generación de un sentido de pertenencia a una comunidad dentro del penal que se siente igual que nosotros , muy feliz”.
El equipo de trabajo, integrado exclusivamente por mujeres, enfoca la labor como una transferencia de recursos, tecnología y tiempo hacia una población con carencias de servicios y libertades. En las tardes en el patio asignado, las internas llegan y se colocan sus botas y se construye esa identidad colectiva basada en la actividad física, salen a flote los imaginarios de propósitos, emociones alegrías y saltar del piso de su actual realidad.
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Es tiempo de ir a la plaza de la Aduana, se acerca Ivón Salamanca corresponsal del noticiero de RCN Televisión y quien descubrió sus botas haciendo una nota periodística cuando la pandemia ya se acababa. “En Colombia todo mundo debería saltar, las botas son el oxígeno de mi vida y los saltos, mi libertad”. En su rostro se nota la emoción, forma parte del equipo que organiza los tres días del Open Latino Kangoo en Cartagena.
Eliana se acerca y con ellas el DJ Dejan Vesin, es de Belgrado, Serbia y recorre el mundo colocando la música en eventos donde el ejercicio y en este caso las botas, son claves.
“Comencé en este mundo hace ya diez años. Al principio, trabajar estrechamente con instructores de fitness fue clave; ellos me enseñaron a comprender la estructura necesaria para crear la mezcla ideal”. Toma unos audífonos y le dice a este diario que está feliz en Cartagena, tiene doble motivo, está de cumpleaños y en la plaza de La Aduana será uno de los jurados internacionales, mirará a los competidores nacionales e internacionales.
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“Aunque mi agenda suele ser impredecible, el destino y la invitación de Eliana me trajeron a este lugar. Me siento profundamente agradecido y feliz de celebrar mi vida en este entorno”.
Son las cinco de la tarde, en diferentes lugares de la Plaza están los competidores, ajustan las botas, el maquillaje y el público se acerca en un cuadrado delimitado por una línea amarilla, ese es el espacio de la competición. Se han preparado por meses y en una rutina de minutos deberán mostrar sus habilidades con las botas.
Allí mirando Sifi, su cabello rubio, usa lentes oscuros y tiene un vestido blanco, ha dejado sus botas. Ella es un símbolo mundial de los fitness y aeróbicos, logrando la primera posición en el Arnold Classic una de las competiciones más exigentes.
Le dice a El Espectador que ser campeona mundial no es nada fácil. “En cada evento busco ser mejor que en el anterior y aportar algo nuevo. Mi competencia no es con los demás, es conmigo misma, y esa es la parte más exigente de mi carrera”.
Cuando llevan las botas todos sonríen.
Es muy amable en su celular está la foto de su pequeño hijo. Dice que es afortunada. “Mi madre, me introdujo en la gimnasia. Tras competir en esa disciplina, exploré otros deportes; el ejercicio siempre ha sido parte fundamental de mi identidad. Mis padres fueron mi mayor apoyo y patrocinio, permitiéndome construir mi vida profesional en torno al movimiento, la salud, la motivación y la comunidad.
Su encuentro con el Kangoo Jumps es una mezcla de amor y una historia dice ella, larga.
“Conocí el Kangoo Jumps mientras era competidora profesional de fitness. En aquel entonces, mi prometido —quien introdujo la marca en Hungría— era juez en mis competencias. Yo sufrí una ruptura de ligamentos en el tobillo y él me sugirió probar las botas. Al principio no le creí; como atleta profesional, pensaba que eso de andar saltando “como loca” no era un deporte serio”
Hace una pausa. “Sin embargo, ante la necesidad de mantener mi condición física sin impactar mi lesión, decidí darles una oportunidad. Tras usarlas en una clase, quedé fascinada. En 2004 realicé mi primer taller para instructores”. En este sentido lo que empezó como una colaboración para crear espectáculos en tarima se convirtió en su carrera definitiva, “fue ahí donde me enamoré de la libertad que se siente al saltar”. Era necesario preguntarle por las bondades de las botas y el ejercicio.
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“El Kangoo Jumps permite quemar muchas más calorías al elevar la intensidad cardiovascular, pero con un beneficio clave: reduce drásticamente la presión sobre las rodillas y articulaciones. Gracias a estas botas, mi capacidad cardiovascular superó a la de otros atletas, y por eso las integré permanentemente en mi preparación”.
Ya debe subir a la mesa de los jurados; entonces hablamos de Cartagena, las botas nacionales, las internacionales, la alegría.“El sentimiento y el estilo latinoamericano son especiales. La energía, la gente que siempre sonríe y la música en cada esquina inyectan una vitalidad extra”
De manera paralela, en comparación con Europa, donde el estilo es quizás más técnico, “en Latinoamérica el baile y la pasión están en la sangre. Ver a los instructores y a la gente en las calles de Cartagena bailando y sonriendo me parece increíble”.

Me recordó que le encanta el arroz de coco, la arepa de huevo y el patacón. “Y para tomar, mi favorita absoluta es la limonada de coco. En Hungría no tenemos cocos así de frescos, por lo que esto es un verdadero placer para mí”. Todavía se pone nerviosa antes de subir al escenario. “Si algún día dejo de sentir ese estrés, sabré que es momento de retirarme. Pero mientras la música empiece a sonar y yo sienta esa transformación, seguiré saltando”
La música inició las rutinas y los equipos fueron saliendo. Al terminar los aplausos, una medalla símbolo del encuentro para todos.
Concluye la cita en Cartagena. Mil saltadores recogen el equipo tras tres días de suspensión y destreza. Las botas se separan del asfalto y se valida que el salto es, ante todo, un acto de libertad y logros propios.
Desde la superficie lunar hasta este suelo, la humanidad ha entendido que su verdadera naturaleza no reside en pisar la tierra, sino en la capacidad de abandonarla para elevarse.
“Un gran salto para la humanidad”, dijo el astronauta del Apolo 11, Neil Armstrong, al pisar la superficie de la Luna” en 1969.

