sáb. Abr 18th, 2026

“No quiero mis alcaldes haciendo fila en Bogotá; quiero el gobierno yendo a cada territorio”; Paloma Valencia

PorYo Opino

marzo 17, 2026

En su intervención durante el Congreso de Municipios en Cartagena, la candidata presidencial Paloma Valencia delineó una hoja de ruta centrada en la descentralización efectiva y el fortalecimiento de la autonomía local. Su tesis principal es que el país no puede seguir gobernando exclusivamente desde los escritorios de Bogotá; por ello, propuso una presencia permanente en los territorios, comprometiéndose a visitar cada municipio para eliminar la necesidad de que los alcaldes “hagan fila” en la capital para gestionar recursos.

Ante un panorama fiscal que describió como de “olla raspada”, Valencia enfatizó que la solución no es gastar más, sino gastar mejor, planteando una austeridad radical en el Gobierno nacional reduciendo ministerios y gastos burocráticos para transferir esos ahorros directamente a las regiones.

En materia de seguridad, su idea más fuerte es el retorno del control territorial mediante la recuperación del respeto a la Fuerza Pública y la creación de un sistema de participación ciudadana que actúe como enlace directo con la policía. Para los municipios más pequeños, propuso la creación de un Banco de Proyectos Tipo, una herramienta diseñada para que las administraciones de sexta categoría puedan ejecutar obras de infraestructura sin depender de costosos consultores externos.

Finalmente, su discurso resaltó la urgencia de una reforma a la salud con enfoque regional, donde el uso de la tecnología y la telemedicina permita que un especialista en una gran ciudad atienda a un campesino en un puesto de salud remoto, garantizando que el lugar de nacimiento no determine la calidad de la atención médica recibida. Todo su planteamiento converge en una idea fuerza: convertir a los municipios en socios del desarrollo, permitiéndoles generar ingresos propios mediante proyectos energéticos y productivos que rompan la dependencia histórica del presupuesto central.

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VAMOS A GOBERNAR DESDE LA INCOHERENCIA

En el ecosistema político colombiano, las alianzas no siempre nacen de la afinidad, sino del cálculo. Sin embargo, la reciente entrevista en la Revista Cambio entre Juan Daniel Oviedo y Paloma Valencia dejó al desnudo una grieta que va más allá de la simple estrategia electoral; lo que llaman “diferencias” en medio de su crisis de legitimidad es, en realidad, una incoherencia ideológica innegable. Mientras Oviedo se para en una visión moderna donde las libertades personales son lo primero, Paloma Valencia se planta como la defensora de los valores más tradicionales y conservadores del uribismo, dejando claro que entre ellos hay un abismo ideológico imposible de ignorar.

Para Valencia, la estructura familiar es una institución que debe protegerse bajo moldes tradicionales. Oviedo, por su parte, defiende la adopción de parejas LGBTIQ+ como un asunto de igualdad civil. ¿Puede una coalición de derecha sobrevivir con visiones tan opuestas sobre la base de la sociedad? Lo que más ruido hace en el análisis es la identidad política de los actores. Oviedo, quien se presenta como una figura refrescante y transparente, camina sobre una cuerda floja cuando intenta conciliar su realidad personal con sectores que, históricamente, han bloqueado sus derechos.

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Aquí es donde el análisis se torna personal y ético. En las calles surge una duda razonable: ¿Cómo podemos confiar a nivel político de una persona que negocia sus principios por visibilidad?

Resulta desconcertante observar a un líder que, en aras de una proyección electoral amplia, parece matizar o incluso ceder ante discursos que invalidan su propio proyecto de vida.

En un país fracturado por una polarización que ya no es solo política sino visceral, el intento de tender puentes entre Oviedo y Valencia se vende como una cura necesaria, pero bajo el lente de la ciencia política no es más que un frío cálculo de supervivencia electoral. Esta supuesta “unión en la diferencia” carece de una síntesis ideológica real y se reduce a una estrategia para capturar el voto útil en un sistema de bloques.

Al final, lo que presentan como un gesto de madurez democrática para sanar al país es, en realidad, una transacción de intereses donde la coherencia personal se sacrifica en el altar de la viabilidad en las urnas. Sí Oviedo se diluye en el discurso de Valencia para ganar aceptación en la derecha radical, corre el riesgo de quedarse en tierra de nadie: demasiado progresista para los conservadores y demasiado complaciente para los liberales. Esta entrevista no fue solo un intercambio de ideas; fue un termómetro.

Y lo que marcó es que la derecha colombiana aún no sabe si quiere modernizarse o simplemente reciclarse.

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