En un momento donde la eficiencia en el gasto público es la única tabla de salvación frente al enfriamiento económico, el sector financiero ha decidido pasar de ser un espectador a un ejecutor aliado.
Durante el Congreso Nacional de Municipios 2026, el Banco AV Villas presentó su estrategia de “Co-banking”, un modelo de gestión técnica diseñado para destrabar la administración de recursos en las regiones colombianas.
Bajo la premisa de la charla “Reactivando la Economía de las Regiones”, la entidad financiera reveló que su enfoque no es solo transaccional, sino estructural: busca que los alcaldes superen el cuello de botella de la operatividad para enfocarse en el impacto social.
La robustez de esta estrategia se refleja en cifras de alto impacto para la gestión pública: tras consolidar 70 acuerdos el año pasado, la entidad proyecta superar los 100 nuevos convenios con entes territoriales este 2026, fortaleciendo una red que ya incluye 230 alianzas con proveedores que han agilizado 3.310 transacciones con contratistas.
Asimismo, el banco ha optimizado la autonomía financiera de las ciudades mediante 134 convenios de recaudo, procesando 50.925 transacciones de impuestos y contribuciones, mientras que en el ámbito del talento humano gestiona actualmente 4.038 cuentas de funcionarios públicos a través de 78 convenios de nómina activos.
Para Gerardo Hernández, presidente de AV Villas, la banca debe entender los planes de desarrollo no como documentos políticos, sino como hojas de ruta financieras. “Hacemos Co-banking por las regiones, acompañando planes de desarrollo y apoyando a comunidades con iniciativas sociales, de sostenibilidad y respaldo financiero”, afirmó ante un auditorio compuesto por más de 100 mandatarios locales.
En el encuentro de la Federación Colombiana de Municipios @fedemunicipios, dialogamos con alcaldes de ciudades capitales y no capitales sobre la importancia de fortalecer los territorios:
• Sin ciudades seguras no hay país seguro.
• Las ciudades son motor de crecimiento y… pic.twitter.com/2mtC5gJy5V— Andrés Santamaría Garrido (@AnSANTAMARIA) March 11, 2026
En este mismo evento participo el economista César Pavón, invitado por AV Villas, lanzó una advertencia que ha resonado en los despachos de los alcaldes: la economía colombiana podría haber activado su “freno de mano” mucho antes de lo que los modelos técnicos proyectaban.
Según el análisis de Pavón, el enfriamiento de la actividad económica en Colombia no es solo una consecuencia natural del ciclo post-pandemia o de las altas tasas de interés. La tesis central sugiere que factores de incertidumbre en la inversión y una caída en el consumo interno se manifestaron con fuerza antes de que el país lograra consolidar una senda de crecimiento estable.
“El freno llegó cuando aún necesitábamos acelerar para cerrar brechas sociales”. Para los municipios, este diagnóstico es letal: una economía que se frena antes de tiempo significa menos recaudo local, mayor presión sobre los subsidios y proyectos de infraestructura que se quedan sin cierre financiero.
El diagnóstico de César Pavón ante los mandatarios locales no dejó lugar a matices: la economía colombiana no solo se enfrió, sino que entró en una fase de fatiga estructural que compromete la gobernabilidad regional.
La formación bruta de capital fijo —el termómetro que mide la confianza de los empresarios para crear infraestructura y empleo— ha entrado en una fase crítica. Según Pavón, el retroceso en sectores estratégicos como la vivienda y la obra civil no fue una sorpresa de último minuto, sino un fenómeno que comenzó varios trimestres antes de lo que el mercado había previsto. Esta parálisis de la inversión privada actúa hoy como un lastre que impide cualquier intento de reactivación inmediata.
El motor que históricamente ha movido el PIB nacional perdió su potencia. El bolsillo de los colombianos, especialmente en las regiones, llegó a su límite de resistencia mucho antes de que el Banco de la República flexibilizara su política monetaria. Una inflación que se resistió a bajar y tasas de interés en máximos históricos durante un tiempo excesivo terminaron por asfixiar la capacidad de gasto de las familias, dejando a los comercios locales sin oxígeno.
Sostuvo que para los alcaldes, el dato más demoledor es la lánguida proyección de crecimiento del PIB, situada apenas cerca del 1%. Este escenario deja un margen de maniobra prácticamente inexistente para la gestión territorial. En un país donde los municipios dependen críticamente de transferencias nacionales estables, un crecimiento tan pobre se traduce directamente en menos recursos para inversión social, obligando a los mandatarios a gobernar en un entorno de escasez y prioridades drásticas.
El encuentro de AV Villas puso sobre la mesa una realidad incómoda: los municipios no pueden esperar que la macroeconomía nacional se arregle sola para actuar. La recomendación de Pavón apunta a que, ante un escenario de bajo crecimiento, la eficiencia en el gasto público local y la búsqueda de alianzas público-privadas son las únicas herramientas para evitar que el freno económico se convierta en una parálisis social.

