Este año, en medio de guerras e incertidumbre, la humanidad volvió a mirar al cielo. La misión Artemis II reavivó una idea poderosa: que somos capaces de conquistar nuevos horizontes. Nunca habíamos llevado tan lejos una tripulación ni logrado traerla de regreso sana y salva en tan poco tiempo. Un ejemplo de ambición, planificación y sincronización, atributos que hasta hace muy poco también definían nuestra política de vivienda. Qué más quisiéramos que Colombia se pareciera a Artemis II, con cifras récord, metas cumplidas y un sector avanzando con precisión.
Pero la realidad es otra. Si hoy tuviéramos que compararnos con una misión aeroespacial, nos pareceríamos más a Apolo 13. Diseñada para llegar a la Luna, pero obligada a cambiar su rumbo tras la explosión de un tanque de oxígeno en pleno trayecto. El objetivo dejó de ser avanzar y pasó a ser sobrevivir. Fue entonces cuando su comandante pronunció una frase que quedó para la historia: Houston, tenemos un problema. En el sector vivienda, hoy, también tenemos un problema.
En 2021, Colombia vendió cerca de 250 mil viviendas y aspiraba a alcanzar 300 mil unidades anuales en los próximos años. Sin embargo, en 2025, las ventas apenas alcanzaron las 150 mil. Volvimos a los niveles de la década pasada. ¿Qué ocurrió? En nuestro caso, la misión dependía de dos “tanques” fundamentales, el sector público y el sector privado. El primero de ellos falló. La meta del Gobierno Nacional era asignar 200.000 subsidios de vivienda en el cuatrienio, pero cerca de 100.000 no se otorgaron. Se incumplió la mitad del objetivo y el impacto fue inmediato.
Cambios en los parámetros de asignación introducidos en 2023 elevaron los desistimientos de vivienda de interés social a niveles críticos. En el segundo semestre de ese año, el 76% de los hogares que tenían una vivienda pactada tuvieron que desistir de su sueño. La participación de la VIS en el total de ventas también cayó, pasando de más del 78% en 2021 a cerca del 56% actualmente.
La falla de un tanque no detiene la misión de inmediato, pero condena al otro tanque a una sobrecarga que pone en riesgo el sistema. Y ese otro tanque ha respondido. Desde agosto de 2022, la banca ha financiado a más de 669.000 familias en su aspiración de vivienda, incluso en ausencia de subsidios, con criterios sólidos y responsables. La cartera vencida en vivienda se mantiene cercana al 3%.
Los constructores también han reaccionado. Ante la ausencia de apoyos para la VIS, la señal del mercado ha impulsado una recomposición hacia la vivienda No VIS. En ese contexto, el crecimiento en las iniciaciones de este segmento, del 8,5% en el periodo 2024-2025, resulta destacable. Pero la sobrecarga es inevitable. Ningún sistema diseñado para operar con dos componentes puede sostenerse indefinidamente con uno solo.
La buena noticia es que, como en Apolo 13, el desenlace no depende de la falla sino de la respuesta. Esa respuesta exige una nueva carta de navegación. Reconocer la vivienda como motor de la economía, ampliar el acceso para las familias de menores ingresos y acelerar la digitalización y competitividad del sector. Sobre esa base se requieren acciones concretas.
Fortalecer los subsidios a la demanda, reactivar los incentivos al ahorro, impulsar la construcción sostenible, mejorar la eficiencia regulatoria y promover nuevos modelos de negocio, solo por mencionar algunos ejemplos.
El objetivo es ambicioso, pero alcanzable. Vender un millón de viviendas en el próximo cuatrienio. Lograrlo permitiría aumentar la profundización del crédito hipotecario al 11% del PIB, reducir el déficit habitacional por debajo del 20% y devolverle a la vivienda su lugar como motor de crecimiento y equidad. El sector vivienda en Colombia no está hoy en una misión tipo Artemis II, pero tampoco está condenada a fracasar. Si algo nos enseñó Apolo 13 es que, incluso en condiciones adversas, con liderazgo, coordinación y claridad de propósito, es posible salvar la misión. Y, eventualmente, volver a llegar a la Luna.

