El Semillero no se trata solo de formar a una mujer en mantenimiento industrial. Se trata de ampliar sus capacidades y sus oportunidades. Son ya 64 el total de técnicas formadas por el programa Semillero de Energía Femenina.
Más allá de las credenciales académicas, la evidencia estadística revela que la clave de este modelo no radica únicamente en la capacitación, sino en el financiamiento directo de la permanencia: un subsidio que ataca directamente una brecha de género (la disparidad matemática en el acceso a recursos y derechos entre hombres y mujeres) que en el mercado laboral colombiano se mantiene en 23,6 puntos porcentuales.
Grupo Vanti es una de las principales compañías de distribución y comercialización de gas natural en Colombia, comprometida con el desarrollo del talento técnico, la equidad de género y la generación de valor en los territorios donde opera.
“El Semillero no se trata solo de formar a una mujer en mantenimiento industrial. Se trata de ampliar sus capacidades y sus oportunidades. Cuando una mujer descubre todo lo que es capaz de hacer, no cambia solo su vida: cambia lo que su familia, su comunidad y la industria creen que es posible. Esa es la transformación que estamos impulsando en Vanti, convertir la equidad en formación, empleo y nuevas oportunidades para el sector”, afirmó Rodolfo Anaya, Presidente de Grupo Vanti.
Luego de una convocatoria que recibió 318 postulaciones, 22 mujeres se gradúan hoy como técnicas en Mantenimiento de Maquinaria Industrial y conforman la segunda cohorte del Semillero de Energía Femenina, una iniciativa de Grupo Vanti en alianza con el SENA para aumentar la participación femenina en oficios técnicos, operativos e industriales.
Con esta nueva generación, el programa completa 64 mujeres graduadas y consolida una ruta que combina formación técnica certificada, sostenimiento económico, desarrollo de habilidades personales, práctica y conexión con oportunidades laborales.
Para comprender el impacto de estas 22 nuevas graduadas, es necesario cruzar las cifras corporativas con las macroeconómicas. Según los últimos datos del DANE, la tasa de ocupación (el porcentaje de la población en edad de trabajar que se encuentra efectivamente empleada) muestra una disparidad histórica del 23,6% en contra de las mujeres.
Esta brecha se agudiza drásticamente en el sector industrial y de mantenimiento de maquinaria pesada, oficios donde la participación femenina ha sido, por décadas, estadísticamente marginal. La razón central de la deserción femenina en la educación técnica no es la capacidad intelectual, sino la economía del cuidado: las responsabilidades familiares y el trabajo no remunerado impiden que muchas mujeres destinen nueve meses a estudiar sin generar ingresos.
Vanti y la formación académica.
El hallazgo principal al analizar el modelo del Semillero de Energía Femenina es la inversión en el soporte socioeconómico como variable para frenar la deserción. Grupo Vanti destinó $130 millones de pesos en certificaciones, dotación y formación complementaria, pero la métrica de éxito se sostiene en el ingreso garantizado-
El modelo de intervención de este programa ataca directamente la principal causa de deserción en la educación técnica: la falta de ingresos inmediatos. Durante los nueve meses de la etapa lectiva, las 22 participantes reciben un apoyo económico equivalente al 75 % de un SMMLV (Salario Mínimo Mensual Legal Vigente, la remuneración mínima fijada por la ley colombiana para un trabajador formal). Al transitar hacia los seis meses de etapa práctica en el terreno industrial, se asciende al 100 % del salario mínimo, lo que asegura un flujo de caja continuo durante los 15 meses de especialización.
A la certificación técnica del SENA se suma una ruta de formación en liderazgo, inteligencia emocional, marca personal y proyecto de vida, desarrollada con aliados como Mushaisa, Aequales, BeToGrow y la Universidad de La Sabana. Grupo Vanti destinó $130 millones al programa entre certificaciones, formación complementaria, y dotación de las participantes, además de los recursos correspondientes al apoyo económico durante las etapas lectiva y práctica.

Al evaluar las dos cohortes del semillero, se observa el comportamiento del interés femenino por la industria heavy-tech y la tasa de absorción laboral (la proporción de personas que, una vez terminan su formación, consiguen un empleo formal en su área de estudio):
El indicador más sensible y concluyente del informe es la transformación demográfica interna de Grupo Vanti. Antes del inicio de este semillero en alianza con el SENA, la presencia de mujeres en el equipo de mantenimiento operativo era prácticamente inexistente (cercana al 0%).
Hoy, las mujeres representan el 9% de todo el equipo de mantenimiento de la empresa. Para lograr esta modificación en las estadísticas de recursos humanos, la compañía debió ejecutar variables cualitativas y físicas, tales como la adecuación de infraestructura, diseño de dotación ergonométrica femenina y la reeducación cultural de los equipos técnicos masculinos en inteligencia emocional (la capacidad técnica y psicológica de reconocer, entender y gestionar las emociones propias y las de los compañeros en el entorno de trabajo.
La graduación de estas 22 mujeres técnicas en mantenimiento industrial evidencia que el cierre de brechas laborales en Colombia requiere una fórmula de tres variables: capacitación pública técnica (SENA), soporte financiero de retención (stipendios) e integración forzada con la demanda laboral real.

