sáb. Oct 17th, 2026

Winston Morales Chavarro y la alquimia de Bronce: la literatura frente a la muerte el olvido y la inteligencia artificial

PorPedro Mendoza

octubre 17, 2026
"Nadie escribe para encerrar cuadernos en un anaquel. El arte requiere la mirada del otro; el otro es quien legitima la palabra".Winston Morales escritor.Foto Motorola Fusion.

El escritor huilense presentó en Cartagena su nueva novela, una obra estructurada a partir de cuatro fases metalúrgicas que aborda el desapego, la fragilidad conyugal y las secuelas de la violencia territorial. Ya son 16 libros que ha publicado. 

La producción narrativa colombiana suma un nuevo título con la publicación deBronce, la más reciente novela del escritor y catedrático Winston Morales Chavarro. En un conversatorio académico celebrado en la biblioteca de la Universidad de Cartagena, el autor desglosó la arquitectura conceptual de una obra que recurre a la metalurgia antigua para examinar la desintegración afectiva, el trauma hospitalario y la deshumanización acelerada por las tecnologías digitales.

Con dieciséis títulos en su trayectoria —con predominio en la poesía y el ensayo—, Morales Chavarro retoma la prosa de largo aliento tras publicaciones como Dios puso una sonrisa sobre su rostro y Tras los hilos de Ariadna. En esta ocasión, la trama sigue los pasos de Casio, un hombre que experimenta el abandono de su esposa, Delia, quien decide marcharse con un dirigente político. A partir de esa fractura, el protagonista se adentra en un proceso interior que emula las cuatro etapas clásicas de la alquimia: Putrefacción, Ablución, Calcinación y Sublimación, nombres que rotulan las secciones del libro.

La aleación del tercer lugar

En palabras de su autor, el bronce sintetiza una postura frente a las jerarquías impuestas por la sociedad del rendimiento y la figuración pública. Frente a la disputa incesante por los primeros lugares del podio social, el protagonista asume su condición marginal sin resentimiento.

“Pensé en el bronce porque resulta simbólico asumir la condición del tercer puesto: el oro es para el primero, la plata para el segundo y el bronce para el tercero. Hay un pasaje del libro donde el personaje dice: ‘Yo soy el bronce; soy el tercero, no soy el primero ni el segundo’.

Su mujer lo abandona por un hombre que encarna el poder partidista. Tiempo después ella pretende regresar, pero él ya no la recibe. El metal define esa capacidad de resistencia y aceptación”, explicó Morales Chavarro ante estudiantes y docentes reunidos en el claustro en donde es profesor del programa de Comunicación Social. 

La arquitectura del relato prescinde de la linealidad convencional. La narración avanza mediante un sistema de cuatro registros discursivos: la voz de un narrador exterior, el testimonio en primera persona de Casio, una serie de ensayos breves redactados por el propio protagonista y la perspectiva de Delia, la mujer que detonó el derrumbe del hogar.

El existencialismo y la aceptación de Casio

  El país partido en dos: De la Espriella y Cepeda imponen la lógica de los extremos de cara al 21 de junio

La configuración psicológica del protagonista toma distancia del sentimentalismo. Morales Chavarro reconoció la influencia capital de obras existenciales como El extranjero, de Albert Camus, al igual que los personajes herméticos de Ernesto Sabato. Casio procesa los golpes cotidianos mediante una serenidad cercana al estoicismo antiguo.

El autor rememoró una anécdota pedagógica que ilustra esta premisa. Años atrás, tras remitir un volumen denso de lecturas obligatorias a un grupo de primer semestre, recibió un mensaje breve de uno de sus alumnos: “Profesor, cójala suave”. La frase, que en principio causó molestia al docente, terminó convertida en una clave de comprensión filosófica.

“Con el paso del tiempo comprendí que detrás de esa respuesta había una postura vital emparentada con la aceptación estoica: admitir los hechos y reaccionar con menor intensidad ante las acciones ajenas. A Casio lo deja la esposa y él acepta esa realidad sin armar tormentas. Ha sido una búsqueda personal a lo largo de mi vida: la aceptación frente a las circunstancias”, indicó.

El sustrato documental de Bronce se nutre de sucesos autobiográficos y crónicas rojas procedentes de la prensa regional del departamento del Huila. En la novela, el protagonista carga con la culpa de no haber asistido al sepelio de su padre debido a una hospitalización prolongada, producto de un accidente de tránsito en motocicleta; contingencia exacta que afectó al propio escritor años atrás.

A raíz de ese vacío ritual, el personaje desarrolla una conducta obsesiva: asiste a entierros de ciudadanos desconocidos para registrar los rostros de los deudos y reconstruir crímenes a partir de las páginas del diario La Nación y de testimonios rendidos ante instancias judiciales.

  ANDI; reestructuran su congreso para canalizar apoyo ante terremoto.

Figuras del acontecer internacional, como Donald Trump y Benjamin Netanyahu, aparecen mencionadas en los ensayos intercalados por el protagonista, confirmando la sincronía temporal del relato con el debate político actual.

El escritor  fijó su criterio sobre la frontera entre la invención narrativa y el rigor de los hechos comprobables: “En el periodismo, el noventa y nueve por ciento debe ser realidad. En la literatura, en cambio, la proporción entre realidad y ficción constituye una decisión exclusiva del autor.

Como sostenía Javier Cercas, toda la literatura es autobiográfica, pero esas memorias se transforman mediante la técnica y la observación de los otros”.

El cerco de los algoritmos y la computadora que escribe.

El debate posterior a la lectura de fragmentos de la novela abordó el impacto de la inteligencia artificial sobre el oficio de las letras y la educación universitaria. Winston Morales  manifestó preocupación por la delegación de las facultades analíticas en sistemas informáticos, proceso que calificó como un estímulo a la pereza intelectual y al debilitamiento del sentido crítico.

“La inteligencia artificial entrega un texto en segundos, pero carece de experiencia vital. No ha transitado por el sufrimiento ni por la confrontación con los hechos.  El riesgo no radica solo en la sustitución de tareas operativas, sino en la pérdida del criterio en los estudiantes, atrapados en cámaras de eco y burbujas de filtración algorítmica donde se mezcla la opinión con la información verificada”, sostuvo el escritor.

En el intercambio intervino un delegado de la comunidad de San Basilio de Palenque, quien denunció la aparición de textos traducidos automáticamente a la lengua palenquera mediante herramientas digitales, práctica que introduce deformaciones gramaticales y atenta contra la memoria lingüística del primer pueblo libre de América.

Morales Chavarro respaldó la denuncia, señalando que la falta de fuentes verificadas en las plataformas computacionales propaga errores con apariencia de verdad. Pese al avance tecnológico, el encuentro concluyó con una reivindicación del quehacer pedagógico y la creación artística como territorios irreductibles a la automatización. Para Winston , la permanencia de la literatura radica en su condición de puente entre subjetividades.

“Nadie escribe para encerrar cuadernos en un anaquel. El arte requiere la mirada del otro; el otro es quien legitima la palabra. Escribo para responder a una necesidad personal, pero la obra solo cobra vida cuando establece un diálogo con quien se detiene a leerla”.

 

 

  •  

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *