vie. Sep 11th, 2026

Central de Maderas automatiza su planta en el Caribe y redefine la industria forestal

PorPedro Mendoza

septiembre 10, 2026
Central de Maderas opera aserríos propios en clústeres forestales como el Nordeste antioqueño y Bosconia, Cesar.

La base de operaciones en Bolívar no es casual. Su cercanía con la bahía cartagenera facilita la conectividad con los principales corredores marítimos y la atención de mercados vecinos como Barranquilla mediante vehículos de carga optimizados.

En el corazón industrial de Ballestas, un corregimiento de Turbana a pocos minutos de las terminales portuarias de Cartagena, el ensamble de las plataformas que sostienen el comercio exterior colombiano dejó de ser una labor de fuerza física bruta para convertirse en un proceso sistematizado de ingeniería. Central de Maderas, la compañía más representativa del sector en el país, completó la puesta en marcha de una línea de ensamblaje automatizada que promete transformar los estándares logísticos nacionales.

La factoría caribeña marca un hito de transición para una empresa familiar que cumple más de dos décadas de trayectoria. Al frente del relevo directivo se encuentra David Marín, un administrador que asumió la gerencia general hace siete años con la directriz de migrar hacia la sostenibilidad y la tecnificación. “Colombia todavía está en un proceso de industrialización y el mejor ejemplo es este paso: estamos pasando de hacer estibas casi a mano a un proceso totalmente automatizado”, explica el directivo durante el recorrido por las instalaciones.

El despliegue de esta tecnología aborda dos desafíos estructurales: la capacidad de abastecimiento para el sector agroindustrial y la salud ocupacional de los trabajadores. “Esto va a permitir un volumen mucho mayor para que sectores como el de la papa o el café no tengan que cargar bultos al hombro y adopten la estiba en su cadena de suministro. Además, en vez de que nuestro equipo tenga que alzar elementos tan pesados, la máquina asume la carga física y reduce drásticamente el riesgo de accidentes”, señala Marín.

La base de operaciones en Bolívar no es casual. Su cercanía con la bahía cartagenera facilita la conectividad con los principales corredores marítimos y la atención de mercados vecinos como Barranquilla mediante vehículos de carga optimizados. En un territorio donde las alternativas de trabajo formal son escasas, la planta emplea a 60 operarios de la zona bajo esquemas de contratación estable y remuneraciones por encima del estándar legal.

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La política laboral de la compañia desafía los promedios del tejido manufacturero regional. Con 180 colaboradores directos a nivel nacional, la empresa mantiene una política de compensación estricta: “Estamos enfocados en que nadie de nuestra gente se gane el salario mínimo; el 95% de nuestro equipo de trabajo devenga ingresos por encima del mínimo legal”, detalla Marín. La automatización recién inaugurada permitirá incorporar mano de obra femenina en tareas de planta, complementando un liderazgo corporativo donde las mujeres ya ocupan entre el 62% y el 65% de los cargos administrativos.

El abastecimiento de la materia prima articula un componente de pacificación económica en zonas históricamente asoladas por el conflicto armado. Para garantizar el flujo continuo de madera sin intermediarios, Central de Maderas opera aserríos propios en clústeres forestales como el Nordeste antioqueño y Bosconia, Cesar. En estas regiones, la empresa genera más de 200 empleos directos e indirectos frente a economías ilegales. “Allí hay tres formas de conseguir trabajo: minería ilegal, narcotráfico o extorsión; o la madera que producimos nosotros. Les mostramos la importancia de la pensión, de la salud y de tener asegurada a su familia”, puntualiza Marín.

A diferencia del modelo extractivo convencional, la compañía no utiliza maderas provenientes de bosques nativos. Toda su producción se basa en plantaciones comerciales de pino con ciclos de rotación de 12 a 16 años, sumando cerca de un millón de árboles plantados que funcionan como sumideros de carbono. “Sesenta y siete árboles de pino capturan el CO₂ que emite un vehículo promedio en Bogotá”, ilustra el gerente, remarcando que la sostenibilidad constituye el eje central del modelo financiero.

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Ese compromiso ambiental se extiende a las instalaciones de Ballestas, las cuales operan con un sistema de captación pluvial capaz de almacenar más de 40.000 metros cúbicos de agua al mes durante los periodos de lluvia, eliminando la dependencia del acueducto público. En el frente energético, la sede fue la primera de su tipo en cubrir el 100% de su consumo fabril mediante paneles solares, un esquema que se expandirá para abastecer la potencia demandada por la nueva maquinaria antes de finalizar el año.

La estrategia comercial de la firma trasciende la simple venta del producto a grandes corporaciones de alimentos, bebidas y petroquímica.

 A través de un esquema de economía circular, Central de Maderas gestiona el retiro de unidades deterioradas en centros de distribución para su reparación y reintegro al circuito logístico, aprovechando los retales residuales en la industria del mobiliario. “Le decimos al cliente: permítanos entrar a su cadena de suministro, recuperamos sus estibas a nivel nacional y se las devolvemos reparadas. Así logramos que ahorren sumas millonarias en su inversión anual”, sostiene Marín.

La relevancia de esta plataforma quedó en evidencia tras la emergencia generada por el reciente sismo en el país. Ante las afectaciones en el Eje Cafetero y el Pacífico, la compañía canalizó donaciones superiores a los 24 millones de pesos en estibas para organizar la ayuda humanitaria en Pereira y Chocó. Al recrudecer la ola invernal, el material fue reconvertido en plataformas de aislamiento para proteger a las familias damnificadas en asentamientos provisionales.

Para Marín, la estiba encarna una pieza indispensable pero subestimada del aparato económico nacional: “La estiba está escondida detrás de bambalinas y no conocemos su importancia. Mover toneladas de arroz sin una bolsa sería imposible; requeriría cargarlo a puñados. De la misma forma, movilizar los bienes de consumo masivo que requiere el país sin estibas paralizaría por completo la cadena logística de Colombia”

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