Una conversación con Diana Carolina Díaz, directora de Asuntos Corporativos de Lilly en Colombia, sobre el impacto de la tecnología en la salud pública, la necesidad de una pedagogía continua frente al cáncer de mama y los retos de acceso en el país.
Lilly y Compañía, una organización global con 150 años de trayectoria en el mundo y 70 años de presencia en Colombia, se ha consolidado como un actor clave en el sector salud. Más allá de su rol tradicional como proveedor de medicamentos, la compañía ha evolucionado hacia un modelo de acompañamiento integral al paciente y de cooperación público-privada. En el marco del Foro de Salud organizado por Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI),lque se desarrolló en Cartagena , Diana Carolina Díaz directora de Asuntos Corporativos para Lilly en Colombia analiza cómo la innovación, la biotecnología y la educación médica pueden transformar los indicadores de salud en el país, reduciendo las brechas de acceso en las zonas más apartadas.
– La ANDI entregó unos premios sobre tecnología. ¿Qué significa para una colombiana y para una persona que lidera la estrategia de una compañía tan importante, que la innovación y la tecnología se premien en este país?
Es supremamente relevante. Definitivamente, la innovación y el desarrollo tecnológico acompañan a cualquier sociedad en el fortalecimiento de sus capacidades, generando mayor productividad.
Una cultura de innovación es supremamente importante, sobre todo en un país como Colombia, dado que tenemos muchas oportunidades de hacer más eficientes los procesos que vivimos en las diferentes organizaciones, tanto en el sector público como en el privado.
-¿Aplica para todos los sectores por igual?
Así es; salud, educación, minas… donde lo quieras ver, la innovación es parte integral del desarrollo de cualquier organización y, por ende, de la sociedad.
Por eso celebramos todas aquellas iniciativas que promuevan, soporten y alienten la innovación en cualquiera de sus ámbitos. Y, obviamente, en el sector salud sí que marca una diferencia.
– Compartimos con Usted y varios expertos sobre el mes del cáncer, se activan los anuncios publicitarios, las campañas, las personas se ponen el lazo rosa… y después eso se apaga. Ustedes proponen la idea de que esto no sea un tema de un solo mes, sino que continúe de manera permanente. ¿Por qué?
Definitivamente los esfuerzos que han realizado los diferentes actores del sistema de salud en Colombia y alrededor del mundo siguen siendo insuficientes para detener una enfermedad que sigue cobrando muchas vidas”.
Por eso estamos convencidos de que esto no se trata de un solo mes. Si bien celebramos que haya una conmemoración especial —sobre todo por aquellas personas que han padecido la enfermedad, que han acompañado a sus familiares y quienes han dedicado su vida a desarrollar nuevas soluciones—, es fundamental mantener esta conversación abierta durante todo el año.
-¿Cómo se logra que esa sensibilización no sea efímera?
Debemos buscar y desarrollar estrategias que permitan que esta conversación no se limite a un mes específico, sino que se vuelva parte de nuestra rutina. Cuando adoptamos eso, realmente podemos marcar la diferencia y generar cambios de comportamiento que nos permitan transformar las cifras en oportunidad y en esperanza.
-Se han registrado más de 1,100 casos prevalentes de cáncer de mama en hombres. ¿Es necesario empezar a trabajar en la concientización de que los hombres también son propensos a esto?
Así es. Esta no es una enfermedad exclusiva de las mujeres. Si bien hay un mayor número de casos en la población femenina, también vemos con preocupación que sigue habiendo un infradiagnóstico en los hombres.
Seguramente muchos que padecen la enfermedad —y que incluso pudieron haber tenido un fallecimiento a causa de esto— nunca lo supieron. Hoy no contamos con una data tan real ni tan certera de qué tan fuerte puede ser el impacto para los hombres con esta patología.
La magnitud de la enfermedad en Colombia hace urgente ese enfoque. Según las cifras de la Cuenta de Alto Costo, en 2024 se reportaron 120.240 casos prevalentes de cáncer de mama en mujeres. Aunque la enfermedad afecta principalmente a la población femenina, también puede presentarse en hombres. Durante ese mismo año se registraron 1.161 casos prevalentes y 65 casos nuevos en la población masculina.
-¿Cuál debería ser el enfoque comunicativo para abordar esta realidad?
Nuestro principal mensaje es que esto no es exclusivo de las mujeres y que también existen alternativas. Como parte del sistema de salud, tenemos la responsabilidad de educar a los hombres sobre la posibilidad que tienen de padecer esta enfermedad. Así como en las mujeres hay diferentes campañas, tenemos que estructurar un canal de comunicación más específico y educativo para ellos.
-¿Hablemos de la camapaña que ustedes lideran, el cuidado lo llevamos en el pecho?
Una vez al año, el foco se enciende alrededor del cáncer de mama, pero cuando esta fecha termina, la conversación se apaga. Sin embargo, para muchas mujeres y hombres en Colombia, el cuidado no termina allí; continúa en las consultas, en las decisiones de tratamiento, en los controles, en el seguimiento, en el miedo a una recaída y en la vida que sigue después del diagnóstico.
Esa es la conversación que Lilly Colombia busca abrir con “El cuidado lo llevamos en el pecho”, una campaña que propone mirar el cáncer de mama más allá de una fecha conmemorativa y entenderlo como un proceso de cuidado continuo. A través de contenidos educativos, espacios de conversación con especialistas, historias de pacientes y acciones de sensibilización, la campaña busca activar una conversación que acompañe a las personas antes, durante y después del diagnóstico, promoviendo una cultura de cuidado más constante e informada.
-¿Qué ocurre cuando hablamos de las zonas apartadas de Colombia, donde el acceso a un oncólogo es, infortunadamente, un privilegio?
Ahí tenemos muchas oportunidades como sociedad para disminuir esa brecha de acceso. Definitivamente, las zonas rurales y apartadas tienen una diferenciación en la oportunidad que tienen los ciudadanos para obtener servicios de manera eficiente.
Fortalecer los procesos de telemedicina y el uso de tecnologías para disminuir esas brechas geográficas nos permite garantizar que estos pacientes también tengan oportunidades mucho más rápidas y en tiempo real.
-Pero no se trata solo de conectar, sino de la calidad de la atención, ¿correcto?
Es fundamental. Es importante no solo hacer mención de lograr el acceso, sino de hacerlo con servicios de alta calidad, evitando muchas de las ineficiencias de las que hablábamos previamente.
-Con base en la experiencia de la compañía y viendo las altas cifras de cáncer de seno, ¿en qué eslabón de la cadena cree que se está fallando más? ¿En la educación, en la oportunidad de las citas con las EPS, o en la entrega de resultados, que a veces tarda meses?
Hay oportunidades en todo el camino que tiene que navegar un paciente en el sistema. Sin embargo, para nosotros, un pilar fundamental empieza en la educación, más allá de los problemas puntuales que podamos tener hoy.
Sin lugar a dudas, por lo que ha ocurrido en los últimos años, vemos problemas específicos en el acceso y continuidad de los tratamientos. Los pacientes se ven afectados para mantener su terapia, y no solo se trata de entregar el medicamento, sino de garantizar la continuidad necesaria para obtener los resultados clínicos esperados. Ahí hemos visto un deterioro.
-Sin embargo, usted mencionaba que la solución no es netamente asistencial.
Entendemos que este problema trasciende al sistema de salud; es un tema cultural y educativo. Por eso es tan importante fortalecer las acciones con diferentes actores, más allá de los de salud, para generar cambios de conducta reales desde la niñez. Eso es supremamente importante.
-Para lograrlo, supongo que la articulación con otros sectores es clave.
Totalmente. Para lograr ese impacto es necesario el desarrollo de alianzas público-privadas, el fortalecimiento del talento humano en salud y el compartir experiencias, incluso con otros sistemas de salud que tal vez ya han recorrido un camino diferente y cuentan con procesos más eficientes. Esa es una de las alternativas en las que seguimos trabajando desde Lilly; siempre buscamos el trabajo colaborativo con los diferentes actores. Para nosotros es un propósito seguir comprometidos con la salud de los colombianos.
– Lilly está cumpliendo 150 años en el mundo y 70 en Colombia. Son siete décadas trabajando con un sistema de salud nacional que ha cambiado drásticamente. ¿Cómo ha evolucionado la visión de la compañía frente a la salud pública colombiana?
Hemos estado durante 70 años y nuestro objetivo es permanecer por muchos años más en Colombia, fortaleciendo y acompañando al sistema en el aumento de sus capacidades. Entendemos que desarrollar y poner a disposición un medicamento o una tecnología nueva es solo una parte de lo que hay que hacer.
-Esta pregunta se la hago con todo el respeto. Muchas personas piensan que, en el fondo, las farmacéuticas lo que buscan es expandir el mercado de sus medicamentos. ¿Dónde se traza la línea ética entre la pedagogía social y el interés comercial en una compañía como Lilly?
Es una pregunta muy importante. Lilly, durante los últimos diez años, ha sido clasificada a nivel global como una de las compañías más éticas en el mundo, y es algo que realmente nos caracteriza. Para nosotros es importante que las tecnologías que desarrollamos puedan llegar a muchos más pacientes en el mundo y, por supuesto, en Colombia. Eso hace parte de lo que somos como organización.
-¿Entonces el foco comercial no riñe con el impacto social?
Para nosotros, el “cómo” llegan los pacientes a nuestra tecnología es tan importante como el hecho de que lleguen. En la medida en que seamos responsables, esa responsabilidad se traduce en mayor oportunidad para los pacientes.
Estamos siempre dispuestos a mantener conversaciones con los diferentes actores que nos permitan llegar a acuerdos y alternativas que garanticen, justamente, condiciones justas para todas las partes.
-Mirando hacia el futuro y ante los habituales cambios de gobierno en el país, si a usted la llamaran del alto gobierno para pedirle una recomendación, ¿qué les sugeriría para que el sistema de salud funcione mejor y los medicamentos lleguen a tiempo?
Hay un punto clave: independientemente de los gobiernos, las empresas trascienden y logran mantenerse en los diferentes países. Todos los entornos viven cambios políticos, pero nuestro compromiso es, primero, ratificar nuestra permanencia con la salud de los colombianos ante cualquier actor. Como recomendación principal al alto gobierno, yo señalaría la apertura al diálogo.
-¿Existe suficiente espacio para la co-creación entre el Estado y los privados?
Hay muchas oportunidades de hacer trabajos colaborativos entre el sector público y el sector privado. Tenemos varios ejemplos de alternativas y mecanismos que hemos co-creado como Lilly o a través de gremios. Pero se requiere la voluntad de sentarnos juntos a la mesa y encontrar puntos en común que nos permitan construir una hoja de ruta.
Debemos mantener la correcta balanza entre lo que es prioridad en términos de salud pública y, por otro lado, el fomento a la inversión. Colombia tiene oportunidades de fortalecer la investigación clínica; tenemos centros de investigación del más alto nivel, pero seguimos teniendo una de las inversiones más bajas de la región en este rubro. Mi recomendación para el gobierno es estar abierto al diálogo y buscar alianzas público-privadas.
-¿Qué se debe hacer para acelerar los tiempos y que las nuevas tecnologías médicas no tarden tanto en llegar al país?
Seguimos teniendo una gran oportunidad de mejorar los tiempos regulatorios y de aprobación, tanto para nuevas moléculas como para estudios clínicos y trámites menores. Colombia aún toma un tiempo demasiado prolongado en comparación con otras agencias regulatorias de la región y del mundo.
– ¿Hay ejemplos en la región de cómo agilizar estos procesos?
Países como Brasil y México han sido más eficientes mediante mecanismos de convergencia regulatoria, optimizando los tiempos de revisión al compartir experiencias internacionales.
Celebramos que hace poco nuestra agencia regulatoria, el Invima, firmó un acuerdo con agencias como Anvisa, lo cual es una señal positiva, sumado a la estrategia de ‘Invima Ágil’ que se trabaja de la mano con la ANDI. Arrancar por reconocer que hay un problema y que existen oportunidades de mejora es el primer gran avance. Lo importante es hacer la agencia más ágil y eficiente sin perder el rigor de su evaluación y los estándares de calidad.
-Ya para finalizar, una duda, ¿cuál es su formación? ¿Es médica, administradora? Cuénteme.
(Risas) Bueno, soy química farmacéutica. He tenido el placer de estar en este medio durante los últimos 20 años. Realmente es un tema que me apasiona y es lo que hace que me levante todos los días con mucho ánimo.

